Estado actual... Escribiendo.

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Una tarde de vacaciones en el precioso parque del Retiro.

Hola, soy Mikel, y soy “escritor”.


No, nadie me ha publicado ninguna novela si es eso lo que te estás preguntando ahora mismo. Técnicamente un “escritor” es una persona que escribe, no alguien que ya tiene sello editorial y varias obras entre las listas de éxito.
Yo soy un escritor de esos que rondan entre las sombras del inframundo, donde hay muchas almas como la mía con un talento inimaginable que luchan por sacar adelante proyectos bellísimos pero que yacen ocultos a la mirada de la mayoría.
Soy uno de ellos, un pirata que viaja sin tripulación por unos mares plagados de tiburones y krakens, donde lo peor no son esos monstruos marinos dispuestos a despedazarme, lo verdaderamente aterrador es la posibilidad de naufragar y con ello perder las ganas de continuar siendo pirata.

Hace ya varios meses que estoy en el proceso de creación argumental de mi proyecto y anoche logré conectar gran parte de los vacíos que quedaban por concretar en un borrador muy muy primitivo. Hoy, tras un día agotador, abro mi editor de texto en el ordenador y escribo el título… Las Larvas de la Miel.
La primera página es un poema del grandísimo Poe, la mejor entrada posible para la historia, y en el siguiente folio empiezo a escribir el inicio de lo que será mi semilla en ese inframundo del que os decía que pertenezco.

            El camino se adentraba de manera sinuosa entre a niebla, serpenteando de vez en cuando y ladeando otras, sumergiéndose en la inmensidad de un bosque impregnado de oscuridad. Los arboles hacían que sus ramas se enredaran en una especie de telaraña varios metros por encima de su cabeza, y le observaban inmóviles, encadenados a un suelo que no los dejaría caminar jamás. Hacía mucho tiempo que aquellas tierras yacían desiertas, nadie había soñado con los bosques desde hacía décadas y la bestia prisionera en ellos salía impaciente de su celda, en ese preciso instante, deseosa por dar la bienvenida a su nueva invitada.

Muy lejano, entre los arbustos, algo se movió, algo que producía un sonido tintineante y que se acercaba lentamente hasta donde ella se encontraba. Lo escuchaba a su derecha. Sus ojos se perdieron en la niebla pero no lograron atisbar nada. Más cerca, el sonido se hacía más fuerte, detrás, justo a su lado. Un escalofrío recorrió el cuerpo de la niña e intentó gritar, pero en sueños nadie la oiría… Así que se quedó petrificada, sin mover un músculo, con la mirada fija en un punto lejano e ignorando la presencia que le hacía compañía. Lograba ver una forma borrosa y oscura por el extremo del ojo. Un ser maligno que le lanzaba el cálido aliento de una maldición.  

Las Larvas de la Miel.”

ESCUCHÁNDO 

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