Extracto del primer capítulo de MORDISCOS.

21:02

MORDISCOS. se trata de un relato que se está extendiendo demasiado, tanto, que lo he tenido que dividir en capítulos. Esta división, que en parte agradezco pero que a su vez entorpece, está haciendo que la publicación final se retrase algún tiempo. Para haceros una idea: llevo exactamente un mes escribiéndola y es probable que aún tarde algún tiempo –espero que no mucho- en zanjar la trama. Para aquellos que no lo sepáis tengo otro blog paralelo donde se encuentra mi obra. Hay dos relatos publicados, llamados VENGANZA. y X., los cuales comparten un punto de conexión a lo que, personalmente, he decidido llamar “crossover”.

MORDISCOS. también forma parte de esa telaraña ficcional que estoy intentando crear donde los personajes están unidos los unos a los otros. Probablemente yo conozca a alguien que conozca a alguien que conoce a alguien que tú conoces. Nuestra vida está plagada de “crossovers”, y los personajes de mis historias también. Pero, dejando de lado esta cosa que te acabo de contar sobre lo que estoy haciendo en Las Larvas de la Miel, he decidido que tendría que publicar algo de este último “relato extenso dividido en capítulos” que tengo entre manos. Por ello voy a publicar aquí un extracto del primer capítulo, la primera página para ser exactos. Y, si crees que te llama la atención y quieres “un poco más” estoy dispuesto a enviarte el primer capítulo completo, antes de que remate la historia y me decida a publicarla. ¿Qué te parece?



CAPITULO I
LA BRÚJULA

Denis rebuscó en su bolsillo, aún mojado, y extrajo de él una pequeña brújula de metal negro, aquel diminuto amuleto que había estado conservando desde que su padre se lo regalara hacía ya veintisiete años.  Se obligaba a verlo al menos una vez al día para comprobar que seguía funcionando y que continuaba en perfecto estado. En ocasiones, cuando la agencia le adjudicaba un caso complejo llevar la brújula de un lugar a otro le daba fuerzas y lo ayudaba a no perder jamás el norte, algo muy difícil de conseguir si uno se paraba a pensar en lo sencillo que era volverse loco con tanto asesino suelto al que dar caza.
La puerta del copiloto se abrió y su compañero Lance, empapado de los pies a la cabeza, se acomodó en el asiento de forma pesarosa, y con unas ojeras surcando su mirada que ennegrecían el rostro de alguien con el que Denis había compartido mil y una aventuras. Guardó el amuleto en la cazadora seca que acababa de ponerse y rebuscó en el pantalón mojado las llaves del coche. Introdujo  la pieza metálica en el cerrojo y al instante el rugir de un motor algo cascado gruñó de manera grotesca, como una bestia nocturna que había salido a buscar alimento.
Recorrieron al menos unos diez kilómetros en silencio, respirando ambos un oxigeno saturado de tensión. Lance se encendió un cigarro y acercó la cajetilla de metal ofreciendo a Denis uno, pero este lo rechazó sin desviar ni un instante la mirada del carril. El humo empezó a romper el hielo al parecer, puesto que al encenderse el segundo Lance ya había empezado a quejarse de aquello que lo tenía tan sumido en el disgusto.
-          Esa mujer me va a volver loco, compañero. No tengo ni puta idea de porque me casé con ella… - Lance solía quejarse a menudo de su mujer, alguien llamada Julia a la que Denis tan solo había conocido por fotografía. - Llevamos ya seis meses sin acostarnos, me repudia. Cada vez que la toco se aleja un poco más de mí. Hace dos noches enfurecí tanto que casi la obligo a hacerlo… - había algo de arrepentimiento en su voz. – La agarré del cuello y me puse encima de ella. Cuando nuestras miradas se toparon vi en la de ella el reflejo del monstruo en el que me estoy convirtiendo…
-          Lance… - dijo Denis varios minutos después. No había sabido como continuar la conversación y su respuesta había sido un silencio sepulcral. – Creo que acepto ese cigarro que me ofreciste antes.
Se habían adentrado hacía veinte minutos atrás en el condado de Kievi, cruzaron las laderas de las montañas introduciéndose en la penumbra donde aquellas carreteras yacían adormiladas. Los focos eran como puñales que combatían con la oscuridad y las sombras huían despavoridas a los bosques que cubrían, en gran parte, aquel estado. Denis se fumó su cigarro sin cesar el trayecto que tenían minuciosamente estudiado. Habían estado trabajando en el caso de la desaparición de aquellos cinco niños huérfanos que se habían escapado del Orfanato Maverie, y varias jornadas sin pista alguna concluyeron con la declaración repentina  de alguien que apareció de la nada aquella misma mañana.
-          Te repetiré lo que he entendido de todo lo que nos has contado… - dijo Denis a la niña que tenía delante. – Tanto tu como tus compañeros decidisteis hacer una pequeña excursión y os topasteis con un pequeño pueblo fantasma, ¿no? – dijo el agente, conteniendo las ganas de gritar y salir de allí de inmediato. Olía las mentiras desde muy lejos, y aquella era una más. – Tú diste media vuelta porque te negaste a entrar en una de las casas y caminaste de vuelta al orfanato. – la niña asentía en cada uno de los ceses del argumento que Lance forzaba. – Y esperaste pacientemente a que volvieran pero nunca lo hicieron… ¿Correcto? – la niña asintió. – Ahora bien… - continuó Denis, buscando puntos débiles en la declaración. - ¿Por qué has esperado tanto en contar lo que sabes? Habrías facilitado las cosas mucho… - la niña en aquel momento tragó saliva. Los ojos se le humedecieron ligeramente y bajó la mirada conteniendo el llanto. - ¿Entonces…? – presionó Denis.
La joven se levantó. Era bastante alta para tener doce años. Tenía los ojos azules y la piel blanca como la leche. Miró fríamente al agente que tenía delante y después le dio la espalda. Denis no entendía nada hasta que la niña empezó a levantarse la blusa color naranja pálido que llevaba puesta. Bajo la tela se escondía una piel mutilada. Había heridas, moratones, quemaduras. Permaneció así varios minutos hasta que Lance, quién lo había estado observando todo tras el espejo, entró al despacho y ayudó a la niña a vestirse de nuevo. Ambos habían entendido a la perfección el mensaje: las prácticas de castigo en el Orfanato Maverie eran de todo menos correctas.
-          Eso… - dijo la niña sollozando. – lo que ha visto en mi espalda… Seguramente esta noche empeore. Sabrán que yo también intenté escapar y… - respiró profundamente como si pronunciar las siguientes palabras le produjera un dolor inmenso. – me castigarán…

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4 comentarios

  1. Wow! Pinta interesante ^^
    No sé si es a posta o no te has dado cuenta, pero en uno de los párrafos cambias el tiempo de la narración. Todo está en pasado salvo esto:

    «Recorren al menos unos diez kilómetros en silencio, respirando ambos un oxigeno saturado de tensión. Lance se enciende un cigarro y ofrece a Denis uno, pero este lo rechaza sin desviar ni un instante la mirada del carril. El humo empieza a romper el hielo al parecer, puesto que al encenderse el segundo Lance ya había empezado a quejarse de aquello que lo tenía tan sumido en el disgusto».

    Está en presente y luego vuelves a retomar el pasado cuando el personaje habla. Produce una sensación desconcertante xD

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Pinta la mar de bien, aunque coincido con Laura en que el cambio de tiempo en la narración desconcierta un poco. Por lo demás, ¿para cuando el siguiente?
    Un beso
    Lena

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    1. Si! En cuanto me lo dijo Laura lo primero que hice fue modificarlo en el documento de texto, pero se me olvidó por completo modificar l entrada. Gracias por el recordatorio!

      En cuanto a cuando habrá más... estoy con dudas.
      He pensado en publicarlo por capítulos, puesto que ya tengo los 10 primeros terminados, pero creo que en el fondo lo mejor es esperar a tenerlo todo completo. ¿tu que me dices?

      Un abrazo Lena

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