Google: el siguiente paso en la evolución del cerebro humano.

13:50


Una de las grandes conspiraciones que más miedo dan y de las que actualmente no hay mucha información es aquella que supone una violación directa de nuestro derecho de privacidad por megacompañías como Google o Apple.


Hace unos años el acceso a internet estaba mucho más restringido, no tanto por su desarrollo si no por la falta de conexión que había en gran parte de los hogares españoles. Esto con el tiempo ha evolucionado en que tener un módem conectado en la vivienda (o robar el WiFi del vecino) es algo indispensable como la lavadora, la nevera, o la televisión.


Así a grandes trechos podríamos decir que somos una raza cómoda. La comida sabe mejor cuando te la dan hecha. Si pudiéramos nos encantaría contratar un servicio de limpieza para evitar esa tortura de los “quereseres” del hogar. Y preferimos guardar los números de teléfono en nuestra agenda de contactos antes que memorizarlos.

El otro día estaba con una amiga charlando del tema y ella misma me comentó un descubrimiento maquiavélico con el que se había topado por la zona de Glories en Barcelona. Para quien no lo sepa toda esa zona ha sido sometida a una minuciosa reforma general para “lavar la cara” a un barrio que siempre ha dejado mucho que desear. Han construido nuevas carreteras. Bonitas zonas verdes. Y parques fabulosos. Algunos de estos parques estaban dotados de una atracción nueva: una especie de pirulí solar de color blanco del que sobresalían enchufes a tutiplén, y a su alrededor toda una jauría de niñatos jóvenes cargando la batería de sus smartphones. Aterrador, ¿no?

Ese límite en el acceso a internet que os comentaba antes ahora es historia, puesto que es rara la persona que no tiene un teléfono inteligente con conexión 3G o 4G. Su GPS normalmente está activo y la descarga y subida de datos es algo corriente. Tenemos como mil redes sociales puesto que es muy sencillo tener todas nuestras apps bien catalogadas en nuestra biblioteca de aplicaciones y hemos dejado de interactuar entre nosotros para mirar la pantalla de nuestro aparato y destruir todas las golosinas del Candy Crash –odio ese maldito juego-.
Cuando navegas por internet aparece un tipo de publicidad cada vez más apetitosa puesto que el sistema de publicidad que maneja Google está basado en el registro de búsquedas que almacenas. Es decir, si recientemente has estado buscando información sobre peluches grandes y rosas es muy probable que mucha de la publicidad que encuentres sea para comprar peluches grandes y rosas.  O si has consumido los servicios de JustEat recientemente ten asimilado que el banner de JustEat te aparecerá en un millón de webs.
Este tipo de publicidad inteligente capaz de seleccionar la oferta entre lo que buscas –o lo que has buscado- es un arma que me hace recapacitar en el modo en que se está jugando con nuestros datos de usuario. No sé qué nivel de privacidad puede tener una búsqueda en el grandísimo Google pero sin lugar a dudas toda ese historial está siendo utilizado por otro segmento de la corporación. Ellos se hartan a recopilar datos, contraseñas, emails, ubicaciones, registros de descargas, calendarios, fotos… y no sabemos de qué manera pueden utilizar toda esa cantidad de información (ahora o en el futuro). Nos estamos volviendo débiles y nuestra mente perezosa prefiere buscar una calle en Google Maps antes que usar métodos más rudimentarios e igual de útiles como hojear un callejero o preguntar a un taxista. Si desconocemos algo tan solo tenemos que buscar en Google y este nos transporta al universo del conocimiento ilimitado donde se nos brindan millones de enlaces. Desde cómo hacer un bizcocho casero a emplear correctamente las ecuaciones de segundo grado. Lo tenemos todo al alcance de nuestras manos y eso es algo positivo en pequeñas dosis, pero a gran escala la cosa puede dar algo de repelús.


Nuestra cabeza (que ya he dejado claro que tiende a ser perezosa y de fácil distracción) está siendo bombardeada constantemente por la posibilidad de obtener conocimiento instantáneo e inmediato, pero no invierte el mínimo esfuerzo en retener esa información más de tres segundos. Queremos saber el qué, pero no el cómo, y eso está debilitando nuestro estatus de seres inteligentes. Con el paso de las generaciones el uso de las tecnologías de búsqueda puede que se conviertan en algo mucho más agresivo. Quizá en un futuro lejano seamos capaces de instalar en nuestro cerebro un chip de búsqueda en Google y estar conectados siempre a esa red de conocimiento artificial, convirtiéndonos en dependientes de compañías como Google que se empeñan constantemente en hacernos la vida más fácil.

Pero... ¿Hasta qué punto?

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3 comentarios

  1. Me estoy acordando de una conversación que tuvimos hace tiempo con mi profesor de Marketing sobre este tema. Nos hemos acostumbrado tanto a la respuesta o solución inmediata por parte de los ordenadores, moviles, smartphones, tabletas... Que nos estamos conviertiendo en ermitaños. Me ha aterrorizado lo que comentabas sobre Barcelona; si sales a la calle para o estar enchufado a la red wi-fi o al teléfono, no pongas un enorme enchufe en mitad de una plaza, leñe.
    Creo que esto es como todo, si se hace con moderación, no es malo, pero si se abusa de ello, puede llegar a ser peligroso, Google (por poner un ejemplo) es una empresa poderosa y que controle absolutamente todo lo que buscamos, decimos o hacemos en Internet es realmente aterrador, pero, por desgracia, a dia de hoy si quieres estar "conectado", no tenemos muchas más alternativas.
    Una entrada realmente interesante, Mikel. Gracias por compartirla.
    Un beso
    Lena
    PD: Ahora es cuando desconecto el wi-fi, me preparo y salgo a comer con mi familia, que le den al ordenador y al movil durante un par de horas ;D

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    1. HAHAHA, has de saber también que en una tienda de ropa (no diré el nombre) en una de las calles más concurridas de Barcelona, hay taquillas donde puedes dejar el móvil cargando mientras estas de compras. Subrealista nivel extremo, totalmente.
      Un saludo Lena y gracias por leer!! :D

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  2. Una reflexión muuuy interesante y carne de cañón para sacar una novela de ahí. Vamos, es que del último párrafo tienes ya hasta trama. Pero en fin, obsesiones escritoriles a parte, creo que tienes toda la razón, cuanto más cómodidad tenemos más queremos, eso es así, yo la primera. El ser humano es una criatura terriblemente adaptable tanto a lo bueno como a lo malo. Somos seres débiles en un entorno confortable y nos hacemos fuertes ante la adversidad. Por eso la raza humana es asquerosa y maravilla al mismo tiempo. Damos pena, pero somos fascinantes. Ese futuro del que hablas parece sacado de un capítulo de Black Mirror (serie que te recomiendo encarecidamente si no has visto) y me ha encantado tu visión.

    Me encanta este blog, te lo he dicho alguna vez, porque me encanta :-)

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