EPIFANÍA. ACTO I. (Ronda de Blogs Colaboradores)

23:18

EPIFANÍA es mi historia la La Ronda de Blogs Colaboradores


Hola!! He tardado un poco en traer el primer capítulo de mi historia para la Ronda de Blogs. Para aquellos despistados recordar que es una iniciativa que llevan Sara y Gema, y que ya participé en una ronda anterior con la historia "LAS CADENAS DE LOINE" donde me reseñó la increible Aiko.
Ahora bien, me he dispuesto a participar en esta nueva Ronda, y como viene siendo normal entre las reglas de esta iniciativa está la de que todas las historias participantes deberan contener dos elementos en común. Que en este caso son:

HALLOWEEN
CALEIDOSCOPIO


Esta vez presento una historia de terror (nosé si llamarlo así...) con dos hermanos protagonistas. Tod y Bastian. Si quieres conocer más detalles sobre mi historia te animo a leerla. Solo tendrá cuatro capítulos repartidos en cuatro entradas diferentes, y aquí os dejo el primero de ellos. 

¿A QUE ESPERÁIS?







ACTO I

LA COSECHA



Tod y Bastian caminaban exhaustos por una sinuosa carretera dando pequeños pasos sobre el asfalto y observando las viviendas que había a ambos lados de la calzada. Arrastraban consigo sendas bolsas de tela vacías, puesto que un niño mayor que ellos y de tamaño desmesurado les había robado la cosecha de la noche a golpe de navaja. Tras el atraco empezaron a correr asustados, y sus pies les llevaron a un lugar que les era totalmente desconocido. No veían a nadie en ninguna de las direcciones posibles y las casas yacían en la más profunda oscuridad. Estaban solos en aquella calle, cuyo nombre descubrieron al encontrarse con una señal de metal oxidada que apenas se mantenía en pie.

Avenida Grimm

Se miraron confusos y observaron a su alrededor intentando detectar algo que les fuera familiar, pero no había absolutamente nada que evocara un solo recuerdo en sus mentes. Los farolillos irradiaban una luz cálida y parpadeante, y las bombillas emitían un extraño zumbido eléctrico que lentamente se fue haciendo más y más molesto. Instintivamente Tod y Bastian se dieron la mano, y el hermano mayor zarandeó al menor con una sonrisa nerviosa en los labios.
   No te preocupes Bastian, encontraremos el camino de vuelta…

Dieron vueltas durante horas pero sus intentos fueron en vano, puesto que por más que intentaran volver siguiendo sus propias pisadas siempre se topaban de nuevo con la extraña señal metálica que les daba la bienvenida a la Avenida Grimm. Intentaron picar a alguna puerta pero nadie abrió, a pesar de que el pequeño asegurara haber escuchado pasos tras ellas, e incluso merodearon en jardines ajenos intentando ojear a través de las ventanas con la esperanza de encontrarse con alguien que los pudiera ayudar, algo que resultó inútil pues todas las viviendas en las que se adentraron permanecían abandonadas.
Ya rendidos, decidieron sentarse en un pequeño banco de madera aguardando a que algún coche pasara por allí, y el pequeño Bastian empezó a bostezar profundamente, mientras que los párpados de Tod se cerraban con lentitud. Pero de pronto una explosión cercana les arrebató las ganas de dormir, y los farolillos más cercanos dejaron de brillar para sumergir la avenida en una densa oscuridad que apenas les permitía mirarse el uno al otro.
Sus pieles sintieron un escalofrío que fue recorriendo sus respectivos cuerpos, y el pequeño agarró a Tod del brazo para ocultar su rostro ante cualquier maquiavélica presencia dispuesta a asustarlos.
El silencio era absoluto, el irritante zumbido de las bombillas se había extinguido y tan solo se percibía la respiración agitada de Bastian, quien parecia sumergido en un llanto desconsolado.
En aquel instante empezaron a escucharse unos pasos lejanos, y la mirada de Tod buscó en la lejanía el origen de aquel sonido. Lentamente tomó forma una presencia difusa que se acercaba a ellos desde el horizonte, un niño pálido y vestido con harapos de tela rota que caminaba completamente rígido sin apartar la mirada de un punto muerto en la dirección contraria. Apenas les observó, y llevaba entre sus manos caramelos que iba devorando con ansiedad. Parecía dibujarse en su rostro una mueca de alegría, pero sus facciones remarcaban un pánico silenciado.
Al pasar por delante Bastian levantó la mirada y se liberó del escudo que lo había protegido anteriormente, y observó al pequeño niño con envidia.
   ¡Eh, tú! ¿Dónde has conseguido esos caramelos? — gritó el pequeño demostrando su ansia por recuperar parte de la cosecha perdida.
El niño pálido cesó sus pasos, y giró muy lentamente su cabeza para mirar de frente a aquel que le había hablado. Contuvo la vista durante unos segundos sin mediar palabra, y posteriormente alzó la mano señalando allá de donde venia; la edificación más tétrica que podía encontrarse en la Avenida Grimm. Se trataba de un palacete rodeado por una gran verja de metal que cercaba un jardín poblado por todo tipo de vegetacion. Había también un enorme esqueleto de sauce llorón en cuyas ramas descansaban aves negras de ojos amarillos, y una de las ventanas superiores del palacete destilaba la luz candente de su interior, desde donde les pareció ver sombras proyectadas en las cortinas.
   ¿Allí nos darán caramelos? — insistió Bastian que ya se había puesto de pie.
El pequeño niño comió uno de sus caramelos en respuesta, y lo masticó de forma desagradable, como si sus  pequeños dientes blancos pudieran romperse en cualquier momento. Sonreía enseñando los jugos enriquecidos de su propia saliva esparcidos por su rostro, y por la comisura de sus labios de le escurría la baba como si se tratara de un perro hambriento.
Sin decir una sola palabra asintió,  y continuó caminando sin desviar la mirada de los dos hermanos desapareciendo entre las sombras de al final de la calle.
Exasperado, Bastian tiró del brazo de su hermano dirección a la tenebrosa casa que se alzaba al final de la Avenida Grimm. Había sido construida en la cima de una pequeña colina, y permanecieron un instante en la puerta de acceso sujetando con sus manos debiluchas los barrotes oxidados de metal. Contemplaron la gran casa y descubrieron que las luces del piso superior ya se habían apagado. El pequeño Bastian no pudo evitar una carcajada nerviosa y su hermano mayor se unió a él, aunque su risa, en realidad, fuese de temor. Y cuando el eco dejó de repetir las risas de los niños, las puertas de metal se abrieron de par en par. El chirrido fue agudo, y los pájaros que descansaban sobre el sauce llorón al que le habían robado las lágrimas empezaron a graznar en un canto coral que los estreneció.
   Tu primero... — gruñó Tod colocándose tras su hermano menor.

Lentamente ambos se fueron introduciendo al interior del jardín, mientras un centenar de ojos amarillos les observaba acercarse a la puerta de entrada. Asombrosamente los cuervos se habían silenciado, y tan solo el viento aullaba ferozmente, filtrándose entre las ramas del sauce como si estuviera intentando hacerle cosquillas. Las puertas, del mismo modo que se habían abierto, se cerraron, emitiendo un chirrido que perforó sus oídos. Tod miró hacia atrás y se imaginó al pequeño niño que habían visto en la calle tras los barrotes, mordiendo sus caramelos y sonriendo de forma siniestra y desconcertante, pero la imagen desapareció al instante, algo que no hizo el sonido del caramelo resquebrajarse en los dientes del pequeño.
Subieron pues por unas escaleras de madera que crujían y se detuvieron en el porche frente a la enorme puerta. Tod la golpeó con fuerza tres veces, y no lo hizo más puesto que al tercer impacto se clavó una astilla de madera en los nudillos, produciéndole un dolor más intenso del que hubiese esperado.
   ¿Te has hecho daño? — le preguntó Bastian mientras él se arrancaba la gran astilla de madera que se había introducido en su piel. — ¡Estás sangrando!
   No es nada. — dijo el hermano mayor mientras se llevaba el nudillo a la boca, lamiendo la poca sangre que pudiese salir de la herida.
   ¿Crees que abrirá alguien?
Tod no tuvo tiempo suficiente para contestar, y la puerta principal del palacete se abrió lentamente y por la diminuta apertura sobresalió un rostro arrugado y de mujer. Tenía una gran nariz afilada, ojos verdes casi fosforescentes y tantos pliegues en su piel que bien podrían ser infinitos. La mujer deslizó la mirada lentamente  hacia los pequeños, y se asombró al ver la visita que recibía.
   Parece ser que un par de monstruos pican a mi puerta... — vociferó ella desde el otro lado de forma exagerada y a su vez fingida. — ¿Qué puedo hacer yo para librarme de estas bestias?
Bastian rió entre dientes y alzó su bolsa de tela vacía mientras gritaba de forma nada entendible.
   ¡Truco o trato! ¡Truco o trato!
La anciana los miró dubitativa, y después extrajo una mano arrugada con la que comprobó el contenido de la bolsa que el pequeño niño le ofrecía.
   ¿Cómo es posible que unos monstruitos tan aterradores como vosotros tengáis esas bolsas tan vacías? — preguntó la mujer. — ¿os los habéis comido todos acaso?
   ¡No! — gritó Bastian mientras negaba con la cabeza, dando grandes sacudidas que acabaron mareándolo.
   Los hemos perdido, señora... Usted es nuestra última esperanza de la noche.
A diferencia de su hermano pequeño, mucho más brusco, Tod sabía hablar con la dulzura propia de un niño, y así ganarse a la gente con su intrínseca buena fe. Sus ojos vidriosos enamoraban a cualquiera, y aquella vieja mujer no fue la excepción.
Abrió la puerta de par en par, y se adentró en su vivienda invitando a los pequeños a entrar también. Bastian entró sin pensárselo con el saco alzado esperando a que le llovieran las golosinas, pero Tod aguardó al otro lado del umbral meditando su proximo movimiento. El interior de la casa estaba completamente descuidado, olía a naftalina y de ella emanaba un frío glacial que hacía estremecerle. No había apenas luz en su interior lo que la dotaba de una aura intrigante y siniestra, y parecía tan recargada que uno tardaría meses en vaciarla. Observando lo que tenía en frente Tod permaneció anclado allí por lo que parecieron minutos, cuando sintió que algo gruñía cerca de él. Buscó a tientas a su alrededor hasta que descubrió que bajo el sauce llorón, bajo el centenar ojos amarillos le observaban, también había un par de ojos que no le perdían de vista. Se trataba de un sabueso de tamaño mediano que en aquel preciso momento tenia el pelo erizado y los dientes sobresaliendo de sus fauces. Gruñía amenazante, y tiraba de la cadena que lo mantenía cautivo con todas sus fuerzas. Tales eran sus embestidas que incluso se quejaba del daño que se hacía a sí mismo, pero aquello no parecía suficiente como para frenar su intimidación. Empezó a ladrar con fiereza y los cuervos que descansaban en las extremidades del árbol graznaron violentamente y se elevaron al vuelo, para después caer en picado…
La escena duró apenas unos segundos. Parecían puñales negros que caían desde el mismo cielo para atravesar con sus afilados picos el cuerpo del perro. Los primeros quejidos fueron tan sonoros como sus ladridos, pero lentamente, junto a su vida, la voz del canino desapareció.
Tras arrebar la vida a su víctima los pájaros se fueron depositando de nuevo sobre el árbol, y sus ojos, todos ellos, miraron de nuevo Tod, algo que él interpretó como una amenaza.
Asustado decidió entonces adentrarse al interior de la vivienda sin saber a ciencia cierta si lo que acababa de presenciar había sido real o producto del miedo que sentía. Pero no dejó que aquel recuerdo rondase por su mente más tiempo del necesario, y se evadió de él al encontrarse en las profundidades de aquel palacete al que habían acudido.
Lo primero que vio fue una gran escalera retorcida que ascendía al segundo piso, y de las paredes colgaban cuadros antiguos de tamaño desproporcionado. Junto a las escaleras había un extenso pasillo desde cuyo extremo podía verse la luz de una pequeña candela, y en el suelo iluminado se proyectaban sombras alargadas que bailaban silenciosas. Tod caminó lentamente, con la incómoda sensación de ser observado por aquellos retratos tenebrosos. Llegó a presenciar incluso el ligero movimiento de sus ojos, muy sutil y casi imperceptible.
Sus pisadas hicieron crujir el suelo, y de entre las grietas sobresalieron insectos menudos y brillantes que subían por sus piernas. Uno de ellos llegó a alcanzar su rostro, y agitado se valió de sus temblorosas manos para librarse de el. Asqueado correteo dirección al umbral de la puerta que había en el otro extremo del pasillo y al cruzarlo llegó a un amplio salón circular. En el centro de la estancia se erigía una enorme lámpara de telaraña con un millar de cristales reflejantes, lo que creaba sobre las paredes todo un espectro de colores que iban desde el rojizo más sanguinolento, hasta el azul gélido del hielo submarino.
Bajo la lampara había una gran mesa y sobre ella que descansaba un extraño muñeco articulado, y más allá estaba Bastian correteando alrededor de la anciana arrastrando un saco que milagrosamente se había llenado. Tod miró sorprendido a su hermano pequeño que permanecía risueño, y al dirigir su mirada a la anciana se percató de que esta le había estado observando antes incluso de que él la mirara. Tenía una sonrisa sibilina y sus ojos brillaban como lo podrían hacer los ojos de una víbora. Se relamía gustosa, conteniendo su dicha.
   ¿Qué hay de ti pequeño monstruo? ¿No quieres caramelos?





PD PARA MI RESEÑADORA: Esta vez me he ahorrado los gifs tenebrosos. :*

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3 comentarios

  1. Vale... Has logrado acojonarme...
    ¡¡¡¡Me encantaaa!!!!
    Ese ambiente tétrico, la misteriosa casa y la anciana. Que le den a Hansel y Gretel, tus protagonistas me gustan mucho más.
    Un beso
    Lena

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  2. jajajaja por Dios qué majo xD gracias por pensar en mi salud mental y no meter los gifts jajaja qué simpático :D
    Eso sí, el gift del tick tock es brutal.
    Bueno pues me has dejado... vamos.. jaja
    La ambientación es increíble, se te ponen los pelos de punta a medida que vas leyendo. Se te dan genial las historias de miedo, ¿no has pensado escribir un libro?
    Además, has metido niños (me has tocado la fibra, estoy sufriendo por ellos ya jaja) y ancianas psicópatas... me recuerda a Hansel y Gretel también... aishhh espero que no les pase nada :S
    Y el niño ese de los caramelos... los niños en las historias de miedo son terroríficos :O
    Vamos, que lógicamente te haces una idea de que el terror no es mi estilo pero olé tú, chapó con este capítulo. Absolutamente todo está conectado y en ningún momento se abandona la intriga. Y también está genial utilizar las sensaciones: la descripción del niño comiendo caramelos, la escena de los cuervos y el perro, los insectos... todo causa repulsión. Está muy lograda la historia.
    ¡Enhorabuena! ^^
    Me ha gustado mucho ^^
    Ahora a esperar a ver qué les pasa a mis pobres niños :S jaja
    ¡Un besazo!

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  3. Wow! Es increíble y pone los pelos de punta jajaja me ha encantado la descripción del palacete y de la anciana, sigo leyendo :)

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