EPIFANÍA. ACTO II. (Ronda de Blogs Colaboradores)

15:38

Hola amigos! Amigas! Hoy vengo de nuevo con la inicitiva Ronda Blogs Colaboradores. Subí el primer capítulo hará unos días y hoy os traigo el segundo. Ante todo quiero ser franco: me estoy dejando llevar. Tenía una idea principal muy marcada y un guión que se ha desdibujado por completo. Voy a dejar que esta historia sigua el curso de la brujula del escritor perdido, y que sea lo que tenga que ser.
No sé porqué pero me está costando una barbaridad escribirla. Igual es por el nuevo trabajo que tengo que ocupa muchas horas de mi día a día. Apenas disfruto de unas horas de relax por la noche y tengo poco tiempo para teclear. Aunque también he de reconocer que es culpa de la inspiración. Estoy pasando por un momento de bloqueo que se está alargando un poco más de lo que quisiera. Estoy llamando día y noche a las musas pero no aparecen, y me siento un poco perdido en el limbo de los autores invisibles.
Esperemos que sea tan solo una racha.

Pero dejándo de lado todo eso, vamos a lo que es realmente importante aquí. El segundo acto de "EPIFANÍA".




ACTO II
AROMA


Era evidente que los tres lo estaban pasando en grande. La dosis de azucar había excitado a los dos hermanos, que en aquel momento intentaban explicar al unisono un relato con diferentes versiones.
    No, Bastian, no ocurrió así, ¡lo estás explicando mal!
La anciana se había sentado en una butaca rebestida en terciopelo carmesí, y observaba a los pequeños con admiración. Tan llenos de vitalidad, con aquella energía que los años le habían robado hacia mucho tiempo atrás. Los comtemplaba como hipnotizada por el recuerdo de un deseo antiguo.
    Tod, ¿tienes que explicarlo toooodo con tanto detalle? ¡Estas aburriendo a Regina!
Al escuchar su propio nombre la anciana despertó de su ensueño, y se encontró totalmente perdida en la conversación. Se había evadido durante tanto tiempo que apenas había escuchado las palabras de los pequeños.
    ¿Cómo decís pequeños? dijo ella con voz entrecortada. Había expulsado todo el aire de sus pulmones en la primera silaba y el resto de la frase quedó ligeramente distorsionada. Tosió. No discutáis, por favor. No me gusta veros en mitad de ninguna disputa. Iré a la cocina un segundo, ya mismo vuelvo.
Se levantó y caminó con una ligera cojera a lo largo de todo el salon dirección a una escueta puerta que yacía cerrada junto a un enorme reloj de pie. Sacó de su bolsillo un gran manojo de llaves. Las había pequeñas, grandes, doradas, plateadas, oxidadas. Tantas llaves que bien podrían abrir todas las puertas del mundo.
Con su pulso descuidado deslizó las piezas de metal entre sus dedos, hasta que al fin encontró aquella que abriría la puerta por la que quería pasar. Al introducir el extremo de la llave en la cerradura pareció excucharse un chasquido seco, como el de un hueso al romperse. Después deslizó ligeramente el pomo y seguidamente tiró de él abriendo la puerta muy lentamente. De pronto un olor dulce impregnó la estancia, un olor que provenía del lugar al que Regina de dirigía.
    No tardaré monstruitos. dijo ella risueña. Avisadme si llega mi pequeño Thimoty.
    ¿Thimoty? dijo Bastian con cierto aspecto confuso.
    Eso, ¿quién es Thimoty?  la voz de Tod, en cambio, sonó intrigada.
    Mi hijo, por supuesto. ¿Acaso no ha sido él quien os ha invitado?
Ágil, la anciana se escabulló a la otra estancia y cerró la puerta, dejándo a los dos hermanos atrás conversando acceleradamente como si se hubiesen drogado. Intoxicados por la glusoca.
Ambos comian los caramelos uno tras otro, y cada vez que abrián un caramelo nuevo descubrían un sabor diferente. Los había de limon, de café, de menta y de goma. Pero tambi!﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽en serio Tod! ¡Mamhablos rebuscando aquellos que tanto le gustaban. Parecpezaron a sonar estridentes. Tod se acercun eén los había de queso, picantes, de frutas exoticas como el mango o la papaya, pero entre toda la infita variedad había unos que eran especialmente atrayentes. Eran unos caramelos blancos, con forma de calabera, y que al morderlos chorreaban un extraño jugo negro que explotaba en la boca haciendo cosquillas, hasta dejarla totalmente anestesiada. Tod se había descubierto rebuscando en su cosecha para encontrar esos caramelos en concreto. Su sabor era también especial, como una mezcla de goma quemada y jugo de mora.  Con un ligero toque a naranja.
Estaban tan ensimismados en su burbuja que las agujas del reloj se deslizaron con suma facilidad, y se dieron cuenta de que ya llevaban una hora allí cuando las campanas del enorme reloj de pie que se alzaba en una de las paredes empezaron a sonar estridentes. Tod se acercó lentamente para averiguar la hora, y el hermano pequeño permaneció atrás esperando la sentencia de su hermano. Él aún no entendía como funcionaba el tiempo.
    Debemos irnos ya Bastian. ¡Es muy tarde!
El pequeño miró a su hermano con parsimonia. Tenía su mano en la bolsa de caramelos rebuscando aquellos que tanto le gustaban. Parecía que la advertencia de Tod había pasado inadvertida.
    ¡Hablo en serio Bastian! ¡Mamá nos matará!
    Aquí nadie va a matar a nadie...
La voz provenía del pasillo por el que habían entrado. Ambos niños miraron y descubrieron a una diminuta persona sonriendo. Era pálido, su pelo era rubio, y escaso. Tenía unos ojos color miel pero sin brillo, una mirada apagada.
    Soy Thimoty. se presentó, para despues agarrar un caramelo de su propia bolsa y llevarselo a la boca para masticarlo. Por uno momento parecieron cristales siendo resquebrajados. ¿Queréis ser mis amigos?
      
Los ojos de Bastian parecieron salir de sus orbitas. Él siempre estaba dispuesto a hacer una nueva amistad, y cualquier invitación a un juego, y más bajo los efectos de dosis industriales de azucar, era bien recibida. El pequeño niño caminó dirección a los hermanos mientras terminaba de tragar el caramelo que había destrozado con sus dientes, pero su mano traviesa ya estaba buscando uno nuevo que reemplazara al anterior. Para sorpresa de Tod el niño tenía una dentadura perfecta. Blanca como la leche y sin ninguna calidad estetica que resultara desagradable a la vista.
    No podéis iros a¿. ﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ la vista.
    rpresa de T como la leche y sin ninguna calidad estetica que resultara desagradable a la vista.
    rpresa de Tún. ¿Por que no vamos a mi habitación? Tengo un monton de juguetes... dijo el niño con una sonrisa pícara.
Bastian correteó al lado de su hermano y lo miró con ojos pedigueños.
    ¡Quedemenos una hora más! ¡Es Halloween! ¡Y además Thimoty nos ha invitado a jugar! ­¡Por favor, porfi, porfi, porfi! se había arrodillado.
        Solo una hora más, cuando suene de nuevo la campana nos marcharemos...

Los tres niños subieron por las escaleras al piso superior, y ninguno de ellos miró atrás en ningún momento. Si no, se hubiesen percatado de que habían olvidado algo. Ya en la planta de arriba descubrieron que había un entremado de pasillos que simulaban un diminuto laberinto. Se deslizaron a través de este  y ladearon en varias ocasiones. Derecha, izquierda, izquierda, derecha, recto, derecha. Siguieron al pequeño niño mientras este comía sus caramelos. En las paredes había antiguas lámparas de aceite que olían a quemado, y de vez en cuando aparecían cuadros gigantescos en los que habían retratados personajes misteriosos. Tod caminaba con recelo, pues tenía la extraña sensación  de que esos cuadros escondían algún misterio que se le escapaba de las manos.
Finalmente llegaron al final del camino. Un pasillo sin ninguno otro divergente que terminaba en una enorme puerta convenientemente cerrada.
    Esta es mi habitación. — dijo el pequeño niño pálido mientras abría la puerta con una de sus manos diminutas.
Al entrar descubrieron que se trataba de una enorme estancia de color blanco roto. Había una gran cama en el lado opuesto de la habitación, un armario ligeramente inclinado y dos enormes ventanales que daban al exterior. El suelo estaba plagado de juguetes, todos ellos de madera y con más vida que cualquiera de los niños que allí estaban, o al menos, eso era lo que parecía a simple vista. Eran objetos anacrónicos del pasado que se habían colado en pleno siglo XXI.
Bastian fue el primero en adentrarse. Caminó evitando pisar los numerosos objetos de los cuales no entendía su funcionamiento. Finalmente se agachó y agarró uno de ellos al azar y lo sostuvo entre sus manos. Era una especie de tubo de madera con una lente en uno de sus extremos y un orificio hueco en el otro.
    ¿Qué es esto? — preguntó curioso.
    Es un caleidoscopio. — contestó Thimoty mientras se acercaba a su nuevo amigo con aires preocupados. — ¿En serio no sabes lo que es?
Bastian encogió los hombros y volvió a observar el extraño objeto, y lo alzó para averiguar que se escondía en su interior. Como si se tratara de un catalejo pirata observó por el orificio y para su sorpresa descubrió lo que parecía ser una telaraña de luces y formas geométricas que cambiaban en su interior. Permaneció fascinado durante al menos dos minutos, pero después se cansó y lo lazó al suelo con aprensión.




    ¿Tienes algún videojuego? — preguntó Bastian. Sus ojos se iluminaron a esperas de una respuesta por parte de Thimoty.
    ¿Un qué? — dijo el niño pálido confuso.
Bastian abrió la boca sorprendido, no podía creer que aquel niño no supiera lo que era un videojuego. Le tendió entonces el brazo alrededor del hombro y se dispuso a explicarle con detenimiento qué eran los videojuegos. A su entender el pequeño Thimoty había perdido el tiempo con todos esos juguetes de madera, y necesitaba un mentor que le enseñara el maravilloso mundo Nintendo.
Tod, alejado de los dos pequeños, caminó por la habitación. Curioseó sin tocar nada, temeroso de romper algo. Comía sus caramelos con parsimonia mientras observaba a través de las ventanas. Vio el gran sauce llorón y los cuervos que dormitaban en sus ramas desnudas. Su mirada se deslizó lentamente hasta el lugar donde debía de descansar el cadáver del sabueso, pero para su sorpresa lo descubrió intacto. Estaba hecho un ovillo entre dos raíces que sobresalían de la tierra. No había sangre ni el cuerpo sin vida que había resultado de la terrorífica escena que había presenciado hacía apenas unas horas. El perro estaba vivo, por increíble que pareciera.



    ¡Tod! — gritó Bastian intentando llamar la atención de su hermano. — Thimoty no tiene ningún videojuego. ¿Te lo puedes creer?
    No todos son tan afortunados como tú, niño mimado. — bufó Tod, que decidió abandonar el siniestra vista que le proporcionaba la ventana para acercarse a los dos pequeños. — ¿Por qué no contamos alguna historia de terror? — propuso animado. — Puedo empezar yo, si así lo queréis…


Justamente en aquel preciso instante, en la cocina clandestina que se escondía en el sótano de aquella casa, Regina ocultaba las pruebas de su última travesura. Había limpiado las ollas en las que había derretido el caramelo y el chocolate. Había recogido los moldes con los que le había dado forma después. Se había desecho de la esencia de mil sabores y finalmente, conteniendo la risa, guardó el ingrediente secreto con el que había cocinado los dulces que había repartido esa noche.
Ese último ingrediente era el más importante.  Era incoloro, insípido e indetectable en el organismo. Actuaba a una velocidad asombrosa. Era la toxina de la misma Parca.
Después, lentamente, subió por una estrecha escalera hasta el piso superior. Cojeó hasta llegar a la puerta que había cerrado con anterioridad. Buscó a tientas la llave y la introdujo de nuevo en la cerradura. Volvió a escucharse ese chasquido, y después abrió la puerta apoyándose en ella y empujándola. Olió el ambiente y reconoció un olor familiar suspendido en el aire. Era un aroma dulzón y atrayente que hacía mucho tiempo que no percibía.

Olía a muerte.


Olía a cadáver. 










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2 comentarios

  1. Jolín... en las primeras líneas me estaba pareciendo que la señora iba a ser buena persona... me da que no jaja
    De todas formas... mira que me gustan las gominolas pero no creo que comiese esas xD
    ¿Y el perro? ¿Qué ha pasado?
    Y vaya final... vaya dos últimas frases :S qué yuyu...
    Y no te preocupes, yo también estoy en medio de una crisis de escritura y lo peor es agobiarse y presionarse uno mismo. Si ves que tienes problema me dices y alargamos un poco las entregas. ¡Un besazo guapo!

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  2. Yo también ando con bloqueo creativo, qué le vamos a hacer, esperemos que también sea una racha xD El último párrafo me ha dejado en shock, me voy corriendo a leer el tercero ^^
    Un besito!

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