EPÍLOGO / EL HOGAR DE LA PARCA (V): HUIR DEL DOLOR

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Hemos llegado al final de EL HOGAR DE LA PARCA. Han sido unas semanas geniales ideando el proyecto, escribiéndolo y creando a los personajes. He disfrutado tanto que ahora, en el momento final, me sabe a poco...
Agradezco enormemente a aquellas personas (obviamente ya saben quienes son) que me leen constantemente, me comentan y me dan fuerzas para continuar. Gracias a mi lector 0, a quién bombardeo constantemente con tanto desvarío, y sobretodo gracias ti, que estás aquí ahora, deseando saber qué ocurre con Angus y su terrible pacto con la Parca.
Nos vemos pronto en otras historias, queridx amigx. Un abrazo cálido desde el otro lado de la pantalla.

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 EPÍLOGO 
 ACTO V 
 HUIR DEL DOLOR 



Angus está de pie, como una estatua, en mitad del pasillo junto a ambas hileras de banquillos. Ha acudido para ofrecer una contraoferta al contrato que hace tiempo firmó. La luz se filtra a través de los cristales, el sol se tiñe de mil colores y figuras brillantes se extienden a lo largo de la capilla.
La Parca está sentada frente a él, sobre un bonito trono de piel y metal, y con su preciada mascota a uno de sus lados. Tras ellos cuelga una enorme cruz invertida sobre la que está crucificado Jesús, boca abajo. La sangre del cadáver cae al suelo creando una laguna de color burdeos que impregna gran parte de la superficie del estrado. Y el sonido de dichas gotas al caer vibran en el aire.

Glu.
Glu.
Glu. 

¡Charlie! — grita la Parca, y el pequeño ser que hay a su lado endurece la línea recta que forma su espalda. — ¿Qué es lo que el señor Angus reclama?

Charlie busca entre las diferentes carpetas que hay en sus manos. Rebuscando le caen algunos folios al suelo de forma torpe, algunos de los cuales se funden con la laguna de sangre que se extiende tras ellos.  

¡Mierda! — grita Charlie, que se agacha para recoger una de las hojas que se le ha caído. Levanta el folio manchado con la sangre del hijo de Dios y se dispone a leer las anotaciones que había redactado no mucho antes de iniciar la reunión. — El señor Angus desea acabar con la deuda contraída aportando una única víctima más. Su deuda fue establecida en las quince almas y de dichas almas a Angus le quedan aún siete por aportar. He estudiado personalmente la propuesta junto con Meredith y la viabilidad de esta cláusula parece lícita. El alma que Angus nos quiere traer vale por las seis siguientes, señoría. Decidí por ello reuniros, las condiciones de este anexo solo le competen a usted discutirlas.

Si los tuviera, la Parca hubiese levantado los ojos en ese preciso instante. Parecía aborrecida y no deseaba en absoluto pasar aquel maravilloso domingo trabajando.

Eso que sugiere es una idea terriblemente atractiva, ¿está realmente convencido del peligro que sugiere llevarla a cabo? — le dice la Parca a Angus, que ha meditado concienzudamente las palabras que Charlie acaba de pronunciar. 
Estoy dispuesto a correr el riesgo. — le dice Angus, con una voz que ha deformado mucho de la que un día tuvo. Ahora es mucho más siniestra y aterradora, de alguien que ha dejado de ser humano para convertirse en un monstruo. — ¿Y usted?

La Parca sonríe y apoya sus huesudas manos en el reposabrazos de su trono para levantarse. 

Glu.
Glu.
Glu.

Se escucha antes de que la gutural voz de la Parca rompa el silencio repentino que se ha formado.

Si de verdad va a traerme el alma que dice estaré encantada de correr el riesgo con usted. Tiene un amanecer y un anochecer para hacerlo, si tarda más tiempo su deuda no quedará perdonada y tendrá que aportar sus quince almas iniciales. ¡Charlie! — grita la Parca, como casi siempre que pronuncia el nombre de su mascota. — Deja constancia en dicho anexo que el señor Angus tiene dos días para traernos el alma del señor Uku de vuelta. Cuarenta y ocho horas. Ni un segundo de más.

Angus siente de pronto un nudo en la garganta, dos días es muy poco tiempo para llevar a cabo dicha maniobra. Ha tardado años en conseguir ocho almas, y la idea de hacerse con la del señor Uku en tan solo dos días parece realmente abrumadora. Pero él está convencido de que puede lograrlo. Tiene aliados que serán de especial ayuda en su misiva y con un poco de suerte tendrá éxito. 
La Parca le observa esperando una respuesta, levanta con su mano una pluma dorada hacia Angus.

¿Firmamos entonces? — propone.









Quentin, el camarero del bar del Hotel Connery Hills, observa desde la barra como sus dos únicos clientes conversan en susurros, al fondo de la estancia, sentados en una mesa privada. 
Meredith sostiene en su mano la pajita con la que está bebiendo su maravilloso poema oscuro, y Angus por su parte bebe directamente del botellín una excelente cerveza alemana. 
Cuando amanezca te llevaré ante él, vive en Brooklyn. — le dice Meredith con una voz seductora y triunfante. 
¿Iremos a través de la puerta? — pregunta Angus. Recuerda a la perfección el lugar al que le llevó Meredith la primera noche que la conoció. Aquel pasillo repleto de puertas misteriosas. 
Sí. — responde ella. Lleva los labios al extremo de su pajita y absorbe el jugo de su cóctel. — ¿Has pensado cómo lo harás?
No. — gime él, temeroso. — Meredith has de ayudarme. Acepté esto de inmediato en cuanto lo sugeriste, pero ahora no sé cómo llevarlo a cabo en tan poco tiempo. Cuando vea al señor Uku cara a cara puede que no tenga el valor suficiente como para enfrentarme a él. ¿Cómo matar a un hombre tan imponente y amenazante?
¡Calma! — dice Meredith de forma brusca. — No pierdas los nervios ahora. Escucha… Te daré todas las instrucciones necesarias, pero necesito que aísles tu miedo. El señor Uku es alguien terrible y realmente amenazador, pero tú también lo eres, Angus. Recuérdalo cuando lo tengas delante. No tienes por qué sentirte pequeño a su lado…
¡Vamos a cerrar! — grita Quentin desde la barra, que ya ha acabado de limpiar todas las botellas. 
¡Ya vamos viejo! — grita Meredith de forma despectiva antes de levantarse e irse. Angus se queda a solas meditando hasta que el barman apaga las luces. Solo entonces del bar, aunque no a su habitación. 









La eternidad es un lapso de tiempo cíclico y sin fin, y yo estoy atrapado dentro, preso en este lugar cuyas leyes físicas y cósmicas aun no comprendo.  He pasado días, meses o años aquí, sintiéndome como un lobo solitario que sale cada noche a buscar su presa.  Estoy muy cerca de saldar mi deuda, tan solo dos días me separan de mi meta.
Hoy he vuelto tarde, después de mi copa con Meredith he ido a visitar el restaurante de la Vieja Tata, que permanece abierto 24/7. He comido pizza y he bebido hasta el delirio. Lionel no ha querido dejarme el coche esta vez ya que asegura que en este estado podría estrellarlo. No les he contado que próximamente volverán a verse con el señor Uku. Prefiero guardar el secreto por ahora, total, lo descubrirán pronto.
Al amanecer me veré con Meredith en los sótanos, haremos una visita al señor Uku a través de la puerta mágica, la que nos llevará a la ciudad de Brooklyn. 
Estoy realmente impaciente, pero tengo miedo. Confío en Meredith pero… ¿Confío en mí?

Roanne y Lily, vuestro resurgir se acerca…
Angus.








Meredith le espera puntualmente en el vestíbulo, sentada al borde de la fuente interior. Observa su reflejo en las aguas e intenta contabilizar las monedas que hay en el fondo. Miles. 
Angus baja por las escaleras y ambos se miran confidentes. Se hacen un ligero gesto con la cabeza y caminan hasta la puerta que les llevara hasta los sótanos. 
Una vez dentro, descendiendo por la escarpada bajada dirección al subsuelo, el aire se torna húmedo e irrespirable. Las cucarachas se ocultan a su paso, no como las ratas, que inmóviles observan a los cuerpos que se adentran en las profundidades del edificio, demasiado acostumbradas a la humanidad como para temer a dos almas insignificantes.
El pasillo de las puertas está oscuro, y un palmo de agua recubre sus suelos. Ambos caminan a lo largo del corredizo hasta que llegan a una de las tantas puertas cerradas.

Es aquí. — le dice Meredith. Apenas puede leerse lo que hay escrito en la placa sobre la superficie de madera. Está oxidada. — Ahora has de seguir solo. Te estaré esperando al otro lado, Angus.

Este abre la puerta y las aguas encharcadas del interior empiezan a filtrarse a través del hueco entre la pared y la puerta. Le cuesta abrirla, por lo que decide sujetarla con fuerza hasta que toda el agua se ha filtra por la grieta entre ambos mundos. Solo después cruza al otro lado.
En Brooklyn es de noche. El cielo estrellado parece haberse fundido ante la presencia de Angus. Está de pie en el pequeño jardín de una casa unifamiliar. Hay una farola en la acera que irradia una luz anaranjada, y el zumbido de la electricidad llega a los oídos de cualquiera que se encuentre cerca de ella.
Aquel es el número 145 de la Avenida Grimm, y parece ser que hay alguien en la planta de arriba a juzgar por la luz que se filtra a través del cristal.
Angus sale del jardín y accede a través de las escaleras a la puerta principal. El buzón está atestado de correo que lleva tiempo sin ser atendido. Lee el nombre del remitente de todas aquellas cartas y respira profundamente al saber que se encuentra en el lugar correcto.


Frank Uku
Avenida Grimm, 145, 8541
Brooklyn, Nueva York


Aporrea la puerta con sus nudillos repetidamente, cada vez con más ira. Nadie abre por lo que vuelve a picar. Quería hacer aquello con los mejores modales posibles, puesto que en el fondo tenía cierto respeto por el señor Uku. Intercala durante al menos cinco minutos el timbre eléctrico junto con los golpes en la puerta, lo cual causa efecto después de un largo rato de insistencia y constancia.
La puerta se abre de par en par y la figura de un hombre muy diferente al que Angus esperaba se le presenta delante. La imponente figura del señor Uku había desaparecido. No parecía en absoluto tan amenazante como antaño, como si hubiese perdido sus cualidades físicas más siniestras al volver a la vida.

Pero qué coño… — gimotea el señor Uku, que observa con sus ojos de diferente color al ser que hay al otro lado de la puerta. 

La cierra de un portazo asustado y las alternativas de Angus se reducen más. Atraviesa la puerta, que, aunque cerrada no interpone ningún tipo de barrera para él. El señor Uku está tendido sobre las escaleras que hay frente a la puerta. Está… ¿llorando?
Angus mira a su alrededor y descubre el desolador hogar que tiene aquel humano. Hay suciedad de años acumulada, las ventanas están cerradas por tablones de madera lograr una mayor privacidad. Hay platos y moscas en la mesa del comedor, y parece que los insectos han colonizado la cocina y el baño.

Has venido a matarme. — dice el señor Uku, consciente de su delicada situación al ver el rostro de Angus iluminado por el desconcierto. — Estaba esperando este momento, sabía que ocurriría, pero no sabía cuándo. — extrañado Angus baja la mirada, confuso por las palabras de su víctima. — ¿Te apetece tomar un trago antes?

Sentado en una de las sillas que hay alrededor de la mesa circular Angus espera, sosteniendo un vaso sucio en su mano, a que el señor Uku se lo llene. Este vuelve tras una odisea en la cocina con una botella de Jack Daniel’s en una mano y otro vaso sucio en la otra. Se sienta acompañando a su invitado y le hace señas para que haga hueco en la superficie de la mesa para depositar los recipientes. Está atestada de objetos carcomidos por la grasa y latas de conserva vacías. 

¿Por qué brindamos? — le pregunta Angus, aceptando que el vaso que el señor Uku le ha ofrecido, el que, casualmente, es el que está menos lleno.
No hay nada por lo que brindar, Angus. Limítate a tan solo beber…

Ambos dan un largo trago a sendas copas. El elixir se abre paso entre sus flujos sanguíneos y les torna ebrios al poco rato. El silencio tan abrupto entre ambos se ha desintegrado, y ahora conversan como viejos amigos, recordando el dolor mutuo que vivieron.

¿Sabes…? — pregunta al rato el señor Uku, levantándose de la silla. Tiene las mejillas sonrojadas y una sonrisa alcohólica dibujada en su rostro. — Justo antes de volver de la muerte pensé que este lugar era todo lo que yo estaba buscando. Deseaba vivir, olvidarme de todo cuanto hice para la Parca y empezar de cero… — vuelve a llenarse el vaso, y le ofrece a Angus también una dosis más de licor, pero este lo rechaza con la mano, tiene el recipiente aún lleno. — Pero lo cierto es que nunca se empieza de cero… Las pesadillas no me han dejado vivir todos estos años. Te he visto en sueños, Angus, como también a las otras almas que arrastré al hogar de la Parca. 

Una cucaracha camina a lo largo de la pared y el señor Uku, al descubrirla, decide aplastarla de un puñetazo.

Estás muy cambiado… — le dice Angus, para después dar un sorbo a su bebida. 
Los años y el conocimiento acaban por cambiarte. ¿Acaso eres tan ingenuo que no te das cuenta? — está borracho y empieza a ponerse violento, lo que asusta a Angus un tanto. — La Parca siempre gana, de no ser porque estás aquí hoy moriría de alguna u otra forma, quizá no hoy ni mañana. Pero algún día me arroparía entre sus esqueléticas manos y sentiré sus costillas en la cara. Me estrujará en un abrazó fatal y nos alejaremos juntas a la eternidad… La vida es efímera, y nuestro hogar verdadero se halla junto a ella… Es una pena que ese día haya llegado, hijo de puta.

El señor Uku levanta un revólver que ha extraído de entre los pliegues de su ropa para apuntar directamente a Angus. Este permanece inmóvil sobre la silla, tiene los ojos muy abiertos y le tiembla el pulso. 

Evidentemente no vas a morir… — susurra el señor Uku. — Pero el dolor lo vas a sentir igual.

Le dispara en el brazo y la copa cae al suelo, haciéndose añicos. Las palabras de Angus no salen de su boca, y se mira la terrible herida sangrante que le han abierto en el hombro. Nota como la adrenalina empieza a consumir su cordura, quiere levantarse de esa silla y estrellar la cabeza de ese mamón contra la encimera. Pero este vuelve a disparar, en la pierna. Después en el abdomen. Más tarde en el corazón. Finalmente le deposita el cañón sobre la frente y espera unos instantes para saborear el momento.

Boom. — dice bruscamente a la vez que aprieta el gatillo.

Si Angus hubiese sido humano en aquel instante el dolor le habría hecho perder el conocimiento. Pero su nueva forma de existir no contempla dicha opción. En aquel instante no era su frágil cuerpo el que estaba recibiendo cinco balas en diferentes partes del cuerpo, si no su alma.
La rabia se abre paso ante el dolor y llena de energía a Angus, que se levanta de la silla y sujeta al señor Uku por el cuello de su camiseta. Le respira en la cara, muy cerca, como si estuvieran a punto de besarse. Angus tiene el rostro manchado de sangre, y esa misma sangre forma el rastro que ha dejado tras él. 

Un día me dijiste que para tener un corazón fuerte necesitaba soportar el dolor de mil patadas. Gracias por aquella lección. — le dice, sonriendo. Sus blancos dientes destacan en aquella faz ensangrentada. — A día de hoy parece ser que soy capaz de aguantar varios disparos seguidos. 

Con sus gruesas manos Angus le agarra del pelo con fuerza, y violentamente le golpea una y otra vez contra la pared. Al tercer golpe las pequeñas baldosas de porcelana acaban manchadas de sangre, pero él decide continuar su ataque. Desfigurando el rostro del señor Uku. Estrellándole la cara contra la dura superficie sin cesar. 
Cuando se cansa, lanza el cuerpo, aún consciente, al suelo. Sujeta la copa de whisky que el señor Uku ha depositado sobre la encimera justo antes de levantar el arma, y da un largo sorbo hasta agotar las últimas gotas del vaso. Después suspira, impregnado de un extraño sentimiento de discordia. 


También me diste la bienvenida al club de los suicidas.... — le dice Angus, mientras recoge el arma que yace en el suelo. La sopesa entre sus manos y después se la lanza a su víctima en el regazo. — Hoy soy yo quien te la doy a ti. Haz el favor de volarte los sesos tú mismo…

Angus se aleja dirección a la salida y antes de cruzar el umbral de la puerta escucha un único disparo que resuena en los oídos de todo el vecindario. 

Ya conoces el camino. — le dice al señor Uku antes de irse. — Nos vemos al otro lado.









Lo he conseguido. El señor Uku está de nuevo aquí y no he tardado ni un día en lograrlo. Sin duda Meredith ha sido indispensable para llevar a cabo el plan. ¿Será que ella tiene algún objetivo oculto? Parecía bastante interesada en devolver a la muerte al señor Uku…
Mi última misiva me ha obligado a pasar por enfermería y Charlotte, la enfermera, me ha extraído las balas a la par que indicaba ciertas recomendaciones para las heridas. Dice que van a dejar cicatriz. Menuda mierda.
¡Al fin ha acabado todo! Estoy impaciente por que la Parca cumpla lo acordado. Hemos quedado en vernos en veinte minutos en la azotea. Según Meredith está realmente contenta de haber recuperado al señor Uku. Debe de ser reconfortante para ella recuperar un alma que perdió hace tiempo.
Haría las maletas, pero prefiero dejarlo todo aquí e irme sin equipaje a nuestro encuentro.
Roanne. Lily…
Nos vemos pronto,

Angus.







El sol cae en el horizonte, su luz se extiende a través de los cielos y la tierra y la Parca lo observa todo desde las alturas del Hotel Connery Hills, sentada al borde del abismo. Es un bonito atardecer sin nubes, y allá donde su vista alcanza le pertenece. Está orgullosa de haber construido un hogar como aquel, pero cuando ha de despedirse de alguien un duro pesar se instala en su pecho.
Las puertas de metal del ascensor se abren y Angus sale a la azotea. Se ha dado una ducha y su aspecto luce realmente pulcro. La Parca observa a sus espaldas y le mira con congoja. Le hace señas con la mano para que se siente a su lado, y Angus lo acepta sin ningún temor.
Permanecen en silencio mientras la luz se funde en la lejanía, y es la Parca quien decide hablar primero.

Sois valiente, señor Angus. Saboree este último instante junto a mí y disfrute del sabor de la victoria… — extiende su mano alrededor de la espalda de Angus, abrazándole. Él se estremece, y un escalofrío recorre su columna. — ¿Se siente feliz, señor Angus?
No lo sé, Parca… ¿Podré olvidarme de todo lo que viví aquí?
Nunca. — le dice ella, pesarosa. 
En ese caso lo que siento ahora es tristeza, no felicidad…

Las luces de la ciudad han empezado a encenderse, iluminándose ante la implacable noche que se les viene encima. Hace frío, Angus puede notarlo en su piel como el mordisco de una víbora. 

Fue un placer conocerle. — le dice la Parca, mientras acaricia la espalda de su acompañante con dulzura. Está empezando a hacer fuerza con su brazo, empujando a Angus hacia el abismo. — Me despediría de usted sin dudarlo, pero estoy convencida de que nos volveremos a ver en algún momento.

Y sin decir más lo lanza. Su cuerpo cae al abismo y sus abiertos ojos observan el asfalto cada vez más cerca. La vertiginosa caída que tiene frente a él le hace aumentar la velocidad a la que desciende, y todo a su alrededor se difumina. Cada vez más cerca del suelo. Imposible de esquivarlo. 
Pero antes de estrellarse se desmaya, y su alma bucea en el inconsciente hasta recuperar el aliento que perdió hace tiempo. Viaja a través de la fina línea que separa la vida de la muerte y encuentra su cuerpo, tan cálido como antaño. 
Abre los ojos lentamente, está en su cama. El ventilador de madera da vueltas y vueltas en el techo. Observa a su lado y descubre la figura curvada de una mujer. Su mujer. Está respirando lentamente, ajena a todo el dolor que ha tenido que soportar Angus. Él le abraza, y esta abre los ojos despertando de un reparador sueño. Su aspecto es realmente bello, tiene el pelo rubio alborotado y una mirada azul y penetrante que yace adormilada. 

¿Qué te ocurre? — le pregunta, al observar que su marido está sumido en un trance parecido al sonambulismo. — ¿Te encuentras bien? 

Él le sujeta el rostro con ambas manos y le observa, lleno de gozo. Acaricia sus labios y también el pelo. Ella no comprende por qué parece tan aturdido. 

Eres tú… — susurra. De pronto su mirada se dirige a la puerta y se levanta, para salir corriendo dirección al cuarto de Lily. 

Entra y al observar el cuerpo menudo de su hija sobre el lecho se abalanza para abrazarla. 

¡Gracias! — grita presa de la euforia. — ¡Gracias! — grita de nuevo, ya llorando…








15 de enero,
Jamás pensé que volvería a escribir en las hojas de este diario. He disfrutado de una vida feliz al lado de mi familia. He permanecido junto a ellas en momentos difíciles. La vida no nos ha tratado bien, pero hemos sobrevivido a todas las piedras que hemos encontrado en nuestro camino. 
A Roanne le diagnosticaron cáncer de mama, del cual salió ilesa pero con un pecho de menos. Lily ha encontrado el camino de las drogas y el exceso. Después de conseguir su sonrisa perfecta fundó un grupo de rock que tiene algunos sencillos en las listas más importantes del país. Trece semanas consecutivas en el top 10 de iTunes, algo realmente alucinante. 
Yo he dedicado mi tiempo a escribir. Abandoné la vieja máquina a la que tanto apego tenía y la sustituí por un PC de sobremesa que está abarrotado de troyanos. 
Si vuelvo a escribir en este viejo diario es porque llevo días percatándome de que una sombra nos acompaña. Espía cada uno de nuestros movimientos esperando a ser descubierta. Hoy me ha parecido verle en el reflejo del espejo, pero aún no sé qué hay de realidad en ello.
He vivido años enteros creyendo que lo que me ocurrió fue una pesadilla. Me engañé y creí mi propia mentira, pero hay alguien que me recuerda que hay un lugar al que volveré algún día.
Desearía poder hablarle y decirle que nos deje en paz, pero cuando rebusco entre las sombras para enfrentarme a él este desaparece. Parece no querer enfrentarse a mí aquí, y si alguna vez lo hacemos estoy seguro que será en el lugar en el que me espera. 
No puedo continuar escribiendo, he de recoger a Roanne de su visita médica y ya llego tarde. 

Angus.

12 de abril. 
Hoy Roanne nos ha dejado. No ha podido superar el último reto que le planteó la vida. Estoy realmente abrumado por todo el dolor que siento en estos momentos.
Lily ha llegado puesta de esa mierda que le venden a precio de oro. Ha formado un espectáculo durante el entierro del que la familia hablará durante años.
Cuando he mirado en la lejanía me ha parecido verle en lo alto de una colina. Su presencia se vuelve más próxima ahora que Roanne no está. 
Tiempos oscuros se ciernen sobre nosotros…

Angus.



27 de abril.
Hoy me han llamado del hospital. En el último concierto Lily ingirió más cocaína que de costumbre y su cuerpo no lo ha soportado. El doctor de la unidad de cuidados intensivos me ha indicado que la situación es delicada. No quiere recibir visitas, y los especialistas han recomendado no sobresaltarla innecesariamente. 
Me han dejado verla a través de un cristal durante la madrugada, y ahora estoy aquí, en la sala de espera, aguardando impaciente alguna noticia por parte del servicio médico.

Más tarde.
Lily ha empeorado, han tenido que inducirle un sueño del que hay pocas probabilidades de despertar. ¿Por qué me ocurre esto a mí? Con todo lo que hice para poder estar junto a ellas…
Si me concentro puedo escuchar la voz del señor Uku burlándose de mi. 

Angus.



30 de abril.
Hemos enterrado a Lily hoy domingo, junto a su madre. Este sentimiento duele tanto que apenas puedo llorar. He permanecido horas bajo el árbol frente a sus tumbas, leyendo todo lo que escribí desde ese lejano 6 de agosto que apenas recuerdo. 
Las personas han dejado de transitar en esta tierra santa al medio día, y permanezco a solas justo en el epicentro de este silencio sepulcral. Él está sentado junto a mí. Ahora que estoy solo parece que no tiene miedo de estar a mi lado. Su apariencia vuelve a ser aterradora y siniestra, y sus ojos de diferente color no dejan de observarme. Quiere hablar…

Hola. — le saluda el señor Uku. Parece hacerle gracia la situación. 
¿Qué haces aquí? — le pregunta Angus furioso. 
Vengo a darte el pésame, viejo amigo. ¿Qué te ocurre? Parece que no estás contento de que nos volvamos a ver…

Está empezando a anochecer y el señor Uku saca de una bolsa de plástico que le acompaña una botella de alcohol, la cual ofrece al pobre hombre que yace a su lado. 

Sé cuánto duele, yo también lo viví… — le dice, agitando la ofrenda que le está haciendo. Angus agarra la botella y la abre para llevársela después a los labios.
Podrías habérmelo advertido. — le contesta, con el paladar impregnado del sabor a whisky. 
Te lo advertí… — le dice el señor Uku, que a su vez desliza por el suelo un frasco lleno de píldoras que extrae de uno de sus bolsillos. — La Parca siempre gana.

El señor Uku recoge también el frasco de las píldoras y las observa. Sabe a la perfección lo que el señor Uku está insinuando, y entonces comprende aquello que debe hacerle tanta gracia al alma que le visita. 

Tu corazón tiene grietas, pero es mucho más fuerte ahora de lo que un día fue. Este lugar nada puede ofrecerte ya. Abraza a la muerte y vuelve a casa… Te estaremos esperando.

Se levanta y se aleja, ascendiendo por una colina. Su figura se hace cada vez más menuda hasta que al fin desaparece. Angus permanece en silencio, observando la escena. Vuelve a abrir la botella para darle un largo trago. Aprecia el regalo que le ha hecho el señor Uku, y comprende a la perfección el mensaje que se esconde tras de él. 

Te haré caso… — susurra Angus mientras desenrosca el tapón del cubilete de píldoras. — Nos vemos en casa. — dice antes de engullirlas todas de una vez.

La oscuridad lo envuelve todo como una sábana y la escena a su alrededor desaparece. El dolor es lo único de lo que quiere huir ahora, y la muerte parece ser mucho menos dolorosa que los años de vida que le restan.













ENHORABUENA! ¡HAS ACABADO DE LEER EL HOGAR DE LA PARCA!
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4 comentarios

  1. Lo admitiré, he soltado una lagrima en la última parte.
    Sé que echaré mucho que menos esto, lo sé con certeza. Angus, el señor Uu, Meredith, La Parca, hasta al imbecil de Charlie. Has logrado crear algo único y maravilloso, y es por eso por lo que admiro tanto tu forma de escribir, de narrar las historias. Pero como creas a los personajes, madre mía, quién tuviera tu arte.
    Estoy muy conforme con ese final, triste y un poco dolida, pero es perfecto y es exactamente así como debías concluirlo.
    Como tú dices "La Parca siempre gana" y eso es una verdad inamovible.
    Muchisimas gracias por habernosla mostrado a tus ansiosos lectores.
    Ha sido un viaje maravilloso, espero que tengas otro tan apasionante preparado. Me has dejado con ganas de más.
    Un beso muy fuerte
    Lena

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  2. ¡Noooooooooooooooooo! No quería que terminase, jo... ¿De verdad ha terminado?
    Mikel, tú eres la Parca con estos relatos que escribes, nos robas el corazón y lo haces trizas y acabas con un "It's not a dead end" dejándonos a nosotros con un Dead end :( -aunque a quién voy a engañar, eso me encanta jajaja Y el gif está muy chulo-.
    Me ha gustado mucho muchísimo el relato, la ambientación ha sido genial, un 10/10, y me quedo con ganas de conocer la historia del señor Uku, la de Meredith... ¿De verdad que no puedes continuarlo?
    Quizás ahora tengo las emociones un poco desbordadas tras leer los dos últimos capítulos de seguido, pero me dan ganas de viajar a Barcelona solo para rogarte que la continúes. Porfiiiiissss! O, como mínimo, que lo compenses con otro relato igual de impresionante.
    Bueno, ya negociaremos... ;)
    ¡Besos!

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  3. Hola, el final no me lo esperaba, pero por lo que voy leyendo, supongo que fiel a tu estilo, así debía ser, encantada de haber leído tu relato, bastante diferente a lo que acostumbro últimamente, ha sido un gran viaje, así que un placer y mi enhorabuena por tu historia porque ha sido realmente diferente e interesante, no sé si llamarlo anacrónico por el punto de irrealidad, pero también lleno de tantos aspectos humanos, como la irreversibilidad de la muerte, el destino, el inconformismo, la verdad es que estaba muy emocionada al principio y al final muy satisfecha de colaborar contigo en ésta ocasión, y Sara tiene razón, ha sido bestial


    Saludos!

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  4. https://media.giphy.com/media/7rj2ZgttvgomY/giphy.gif

    Maravilloso. Un final redondo. No sé qué más decirte además de todo lo que ya te he dicho, pero lo que está claro es que en cinco capítulos has creado un mundo y unos personajes que han calado en mí más profundamente que los de muchísimas otras novelas.

    Enhorabuena, de verdad <3

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