EROTICA pt 2 (+18)

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Iba a morir, eso lo tuve claro desde el momento en qué volqué del coche y salí disparado a través de la luna rota del vehículo. Lo que pasó en ese instante, las sirenas, la policía, Wendy histérica desde el otro lado de la cinta policial, de todo aquello, no recuerdo nada. En su lugar tan solo hay oscuridad, como si hubiesen extirpado de mi cerebro parte fundamental de mis recuerdos. Tan solo una nada plana e infinita ocurrió para mí durante aquel tiempo, atrapado en un desierto blanco sobre negro en el que nada ocurre, en el que deambulé el tiempo suficiente como para que mis huesos rotos sanasen.
Pero cuando abrí los ojos supe que aquellas no habían sido las últimas líneas de mi historia. Había sobrevivido, y despertaba de un sueño letárgico que había durado semanas. Una luz blanquecina se filtraba a través de la única ventana de la habitación, y a mi lado una mesita decorada con un jarrón de flores ya marchitas. Supe, por el logotipo del uniforme que llevaba puesto, que estaba recluido en alguna habitación del White Memorial Hospital de Los Angeles, y mi primera reacción fue salir de aquella cama cuanto antes para el alta inmediata. Pero en cuanto intenté moverme me sentí desprotegido, sin apenas la energía suficiente como para caminar hacia la puerta. Tres tristes pasos fueron suficientes para caer de bruces al suelo y romperme algunas fracturas ya cicatrizadas. Mi acto fue algo que alertó sobremanera a las enfermeras de guardia que había aquella mañana, ya exhaustas tras una larga noche de trabajo, y en petit comiteé decidieron doparme a calmantes, por mi bien decían, aunque en realidad lo que querían es que me quedara quieto en la cama.

Pero entonces apareció él. Al principio solo fue un tipo alto y moreno que se presentó aquella mañana como mi enfermero rehabilitador. Su nombre era Aitor, y no le presté mucha atención hasta pasados unos días, cuando lo miré por primera vez a los ojos. Su mirada era azul, tan claro como el cielo nublado a mediodía, que aún sin romper a llover, sangraba tristeza a borbotones. Su piel era morena color café, y su sonrisa blanca como la nata. Le agarré de la mano, agradeciéndole sus cuidados, y poco a poco entablamos una confianza frágil. Él me hablaba de su novia, alguien a quien odiaba sobremanera aunque él no quisiera reconocerlo, y también hablaba de su perro Scott, a quien adoraba por encima de todas las cosas. Acabé conociendo a su perro en una sesión de rehabilitación algo fuera de lo habitual, lo que él denominaba “experiencia al aire libre”. Caminamos durante horas hasta llegar a la cima del parque Griffith, y descendimos hasta el gran Hollywood, y allí, frente todo Los Angeles y su perro, Aitor me besó. A diferencia de otras veces en aquella ocasión no sentí asco. Ni rabia. Me quedé de pie, frente a él, recibiéndole el tímido beso que me estaba dando. Y cuando acabó lo miré, le sonreí tímidamente, y le dije que no era gay. Al principio no me creyó, pues conocía mi otro nombre, Rocco Star. Mantuve la calma de camino al hospital, en la que no dije nada, mientras escuchaba palabas sin sentido que Aitor expulsaba por la boca. Intentó romper el hielo de nuevo, volver a la normalidad, pero aquello no era posible. La odisea acabó, y ya en el hospital supo que era el momento de despedirse.

– A partir de mañana tendrás un nuevo especialista. Siento mucho lo ocurrido. Te seguiré la pista a través de las redes sociales, quizá con el tiempo cambies de opinión sobre tu sexualidad, Rocco. – me guiñó el ojo mientras caminaba hacia la puerta, como si lo que acabara de decir tuviera algún sentido para él.
– ¿Cómo? – le pregunté de repente, algo confuso. – ¿Qué redes sociales?

Rocco Star no tenía perfiles, ese nombre tan solo era la ingeniosa combinación que había decidido otro en mi lugar. La gran máquina aleatoria de nombres porno me había bautizado como tal, y yo tan solo me milité a firmar el contrato que me otorgaba ese nombre como propio. Aitor me enseñó aquello de lo que hablaba. Perfiles de Twitter, Instagram, Tumblr, Snapchat e incluso de Grindr. Actualizados con normalidad. Había todo tipo de fotografías, de carácter público y privado, fotografías robadas que alguien publicaba en mi lugar para lucrarse. De pronto pregunté por mi teléfono móvil a Aitor, y él comprobó que no se encontraba entre mis pertenencias.

Pensé en ella de inmediato.

Wendy.

Entró en la habitación como quien lo hace alguien indignado. Iba vestida de negro, y una boa blanca rodeaba su arrugada y alargada figura. Llevaba entre sus manos un ramo de flores frescas, las cuales metió en el jarrón de la mesita, sin apenas extraer los tallos resecos que había dentro. Buscó en su diminuto bolso su cajetín de tabaco, y cuando recordó que allí no podía fumar lo lanzó de nuevo al interior, enfadada. No dijo nada durante un rato, y por un instante pensé que se trataba de una ilusión producida por la talidomida, pero cuando habló y su rasgada voz vibró en el aire supe que era tan real como el dolor que eclipsaba a ratos mi consciente.

         Al fin te has recuperado. – dijo, ya sentada en la butaca de acompañantes. Su mirada glacial era tan fría e insensible que rasgaba como el filo de un cuchillo. Noté sus ojos sobre mi cuerpo desprotegido, y leí en ellos las ganas que tenía de golpearme. – Trece. Trece putas semanas has estado ahí. – su rostro parecía de cera, y sus pupilas dilatadas delataban que estaba puesta de coca hasta las cejas. – ¿En qué coño estabas pensando la noche del accidente? Como fuiste capaz de robarme el coche y estrellarte con él, maldito maricón de mierda – Conforme hablaba alzaba la voz, y una gran vena se dibujó en su cuello rojizo.
–       Espero que hayas podido llenar ese vacío con lo que me estás robando, puta.
         ¿Disculpa? – su voz acabó en un falsete agudo.
    Has estado publicando mis fotos en internet, todas ellas, incluso las más íntimas. Voy a denunciarte, maldita loca.

Pude ver en su cara la sorpresa, como si hubiese decidido fingir que nada de aquello sucedía para ella. ¿Qué fotos? ¡No sé de qué me estás hablando! podría haber dicho. Pero en su lugar se sentó, se encendió un cigarrillo y lo respiró profundamente en tres caladas.

         Me debes 52.498 dólares, Rocco. Lo que me debes del coche, y de todos los gastos médicos de toda esta mierda que has estado necesitando. He tenido que utilizar tus fotografías para costear parte del tratamiento, he cerrado la oficina por no poder pagar el alquiler, cabrón, ¡me has hecho caer en bancarrota mientras tú estás aquí intentando dar pena!
         Ya estabas en bancarrota cuando te conocí, Wendy. Todo tu dinero lo tiene tu querido amigo Fernando
         ¿Estás insinuando algo? – había veneno en sus fauces, lo que había escuchado le había dolido en el alma. – ¿Tú vas a darme a mí lecciones? – lanzó el mechero y lo estrelló contra el jarrón de la mesita, el cual se hizo añicos. Las flores cayeron, y Wendy se echó a llorar. Al entrar las enfermeras se cercioró de que la vieran terriblemente afectada, y cuando una de ellas le preguntó que había sucedido contestó… – Las flores, no le han gustado las flores.

La enfermera le quitó el cigarro de las manos, le acarició el hombro y se marchó, no sin mirarme y demostrar con sus ojos que me odiaba por hacer llorar a una pobre mujer anciana como Wendy. Pero una vez solos se quitó la careta de nuevo, y enseñó el rostro de la hidra que se ocultaba en su interior.

         Si por un momento llegas a creer que al salir por esa puerta te espera un camino de rosas, quiero que te acuerdes de estas palabras, Rocco: me debes dinero. Mucho dinero. Para pagarlo vas a convertirte en mi esclavo, aquí y ahora, y exprimiré hasta tú última gota de semen para recuperar mi jodido dinero. Y tú no vas a quejarte, por qué si me tocas los huevos tu caché caerá en picado. ¿Quieres verte arrodillado en mitad de un bukake? ¿Qué alguien te azote con un látigo? ¿O prefieres que te metan un pie por el culo, campeón? – se había encendido otro cigarro, pero no me había percatado del momento en el que lo había hecho. – Puedo destrozarte si quiero, Rocco. Pórtate bien y no te faltará trabajo del bueno, siempre que sepas conservar esa cara de niño bueno y unos abdominales de acero.

Noté un nudo en la garganta que me hizo vomitar. Wendy se limitó a presionar repetidamente el botón rojo que alertaba a enfermería de que algo no iba bien. Un joven entró en la habitación provisto de un uniforme blanco, parecía asustado ante la constante alerta que había recibido de la habitación 212. Era Aitor, y al descubrir que el mismísimo Rocco Star se encontraba sano y salvo sonrió aliviado. Con la ayuda de otra joven limpiaron las sabanas que había manchado y me suministraron más medicamento. Pronto caí en un leve ensueño y Wendy se despidió sin apenas acercarse, pero antes de desaparecer no dudó en entregarle una tarjeta a Aitor, pues su ojo clínico había visto potencial porno en él. Tres días más tarde Wendy coló un equipo de grabación en la habitación y el culo de Aitor trotó sobre mí en la camilla del hospital durante cinco largas horas de grabación. Agatha tuvo que trabajar duro aquella noche, y le prometí que cuando me recuperara le invitaría a un par de copas que no estuvieran llenas de mi líquido seminal.

Acabada la película no volví a ver a Aitor nunca más, no al menos en directo.

Volver a la normalidad acabó por convertirse en una estampida llamada realidad pasando por encima de mí. Wendy estaba dispuesta a convertirme en su títere, y yo no tenía más remedio que acceder a todo cuando pedía. Moldes de mi polla. Fotos y videos meneándomela. Sexo grabado con decenas de tíos. En el mundo del porno cuando logras tu vigesimoquinta producción te hacen una fiesta de la hostia, y tuve que permanecer en la mía con una gran sonrisa en los labios, aunque por dentro quisiera huir. Hablé con infinitos rostros, me besé con infinitos labios, y tomé la cocaína de Fernando junto a Wendy durante toda la noche. Acabé elevándome a algún lugar llamando limbo, y me alejé de la gente hasta el extremo de la terraza, frente al mar. Me encendí un cigarrillo y lo fumé lentamente, tan ensimismado que ignoré la presencia que apareció a mi lado. Cuando lo miré sentí confusión, su rostro me era familiar, pero tenía la nariz algo diferente a la que recordaba. Era el chico de la fiesta, aquel que me besó y pajeó en la discoteca sin importarle quién había a mi alrededor. Iba vestido con ropa nada ostentosa, ni rejilla ni complementos, lo suficientemente formal como para pasar inadvertido. Llevaba dos copas en sus manos, y me ofrecía una tímidamente.

         Seguro que tienes la boca seca como un zapato. – dijo, sonriendo.
         Totalmente. – cogí la copa y la bebí de un trago. Las burbujas del champán picaron en la garganta. Él soltó una carcajada ante mi ansia y me ofreció también su copa. Me la bebí también.
         Menuda sed tienes. – dijo, con una voz que no mostraba interés sexual alguno. Hablaba como un amigo, un colega de verdad.
         Tío, siento lo de la última vez. Iba muy coloca…
         Calla. – su voz grave hizo frenar mis palabras. – Te drogué, fue culpa mía.

Recordé las alucinaciones. Todo lo que había visto después de su beso, el cielo agrietado y la lluvia de sangre, la niña de la calzada y el desierto de blanco y negro. Todo había sucedido por ese trocito de papel en forma de banana impregnado de una sustancia importada de laboratorios europeos. Drogas de diseño, terriblemente peligrosas.
Hablamos largo y tendido, nos disculpamos mutuamente e hicimos las paces. Él alardeó de su nueva nariz de boxeador y yo afirmé que sin duda estaba mucho más atractivo con ella. De pronto apareció Agatha, y nos abrazó a ambos por sorpresa.

         ¡Dylan! ¡Rocco! ¡Pero si os conocéis! – gritó eufórica. Nos besó a ambos y nos rogó que le acompañáramos a una fiesta a las afueras. Se trataba de una de las mejores discotecas de la zona, y a Agatha le habían fallado todos los asistentes. – ¡Por favor!, solo será un rato. Antes de que os deis cuenta estaremos de regreso a casa. 
         ¡Claro! – dijo Dylan, riendo a su vez y rodeándola por la cintura. – ¿Qué dices tú, Rocco?

Fue una de las mejores fiestas en la que he estado en la vida. Techno. Decadente techno. Atrapados en una discoteca, rodeados de gente, compartiendo droga entre todos. Agatha besó a Dylan, vi sus siluetas en la niebla regodeándose. Y luego Agatha me besó a mí. Su boca carnosa me la puso dura. Y la polla de Dylan estaba dura también. Follar tres en un baño es una experiencia complicada. Como la versión hardcore del juego del Tetris. Estábamos sudados, yo penetraba a Agatha mientras ella lamía la gran polla de Dylan. Después intercambiamos posiciones, y luego una vez más, y otra, y en una de tantas combinaciones me vi de rodillas, comiéndosela yo a él. Fue como despertar de un mal sueño, y vacié mi boca con una arcada. De pronto me sentí acorralado, y les empujé hasta conseguir salir por la puerta. Caminé durante horas en estado de shock, sin un lugar fijo al que ir. Paré en un bar a medianoche, al lado de la carretera, y esperé a que el turno de la camarera finalizara. Había estado rato mirándola, y ella devolvía las miradas. Sin dificultad alguna me llevó a su caravana, donde me la follé de forma sucia y depravada. Le escupí en la cara, y raramente parecía gustarle. Pero mientras me la follaba no sentía estar haciéndolo con ella. Mi cuerpo estaba en otro lugar, atrapado en un cuarto de baño, junto a la única persona que ocupaba mi mente en aquel instante.


Dylan.

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2 comentarios

  1. Ay, por fin puedo comentarteeee *__*

    Me ha encantado.

    Rocco me parece un personaje realmente complejo; el cómo siente esa animadversión hacia los homosexuales porque nunca había tenido ninguna relación de ese tipo, pero luego a la hora de la verdad sí le gustan también los hombres...
    Vuelvo a repetir que nunca había leído ningún relato sobre el mundo del porno (sí sobre prostitución, "Al final de la calle 118" por ejemplo) y me resulta curioso.

    ¡Espero con ansias el próximo capítulo! (quiero saber si habrá o no habrá tema con Dylan<3)
    Besos

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  2. Qué difícil debe ser para el pobre Rocco asumir lo que le está pasando. En realidad, por dinero se puede hacer cualquier cosa pero no creo que este sea su caso.
    Me alegra que actualizaras, me quedé con la intriga de ver cómo seguía. Espero el siguiente.
    ¡Saludos!

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